Los Sexosos

sábado, 15 de septiembre de 2012

El ocaso de la Patria.



¿En qué estarían pensando hace 200 años aquel curita loco, el militar subversivo, la esposa del Corregidor y la bola de revoltosos que les hicieron segunda? ¡Que tontos! Y hoy los llaman héroes.

Tan fácil que hubiera sido la vida siendo una colonia de la Nueva España, tan fácil que hubiera sido que los pobres se quedaran analfabetas, para que la gente bien nacida viviera en paz, que la chusma mantuviera su distancia de las clases acomodadas, entonces sí que la plebe sabía cuál era su lugar. Ahora tendríamos Virrey, Títulos, Nobleza, seríamos un país tan chic.
Pero tenían que llegar los Insurgente con las promesa de un mejor futuro, ¡bah! ¡Qué ridículos! Bien hicieron las autoridades en colgar sus cabezotas huecas en la alhóndiga de Granaditas.
¿Para qué sirvió su vida, para qué derramaron sangre?

¿Por qué celebramos el 15 de Septiembre? ¿Celebrar que hubo guerra y muerte en nombre de la libertad?
Indios pretensiosos, cómo osaban soñar con una vida mejor, que no merecían…

Si te indignan, aunque sea un poco estas palabras, felicidades, tal vez aún por tus venas corra la sangre de un buen mexicano.
La Patria agoniza avergonzada ante los actos de sus hijos, aquellos que juraron defenderla con la vida, hoy esquivan la responsabilidad que la nación demanda. Ya no hay civismo, no hay caudillos, ni idealistas.
No hay más de aquellos seres que arriesgaban la vida por la libertad de sus hermanos, ni hermanos que se unan a la causa.

Cada vez son más escasos los indignados por la injusticia. Es fácil olvidar las afrentas mientras no falte cerveza y TV.

Patria, Patria, tus hijos te juran…” No…ya tus hijos no te juran nada.

Las voces inconformes se van apagando ante la imposición. ¿Para qué seguir una lucha sin futuro?
Estamos mejor así, es preferible pagar cinco pesos por un huevo que ver correr la sangre que causaría una insurrección.
La Patria sucumbe por la afrenta de ver a sus hijos que perdieron la dignidad.
Pobre de mí México, tan cerca de la resignación, tan lejos de la conciencia y tan lleno de mexicanos de tercera.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Te escapas de mí.



Te escapas de mí, de mis recuerdos. Te marchas dejando nublada la lucidez. Eras una presencia constante. Rutinaria. Asfixiante. Necesaria.

Eras el despertar,  la rutina, la alborada, el llanto, la risa. Eras nada.
La cascada de placeres obscenos. El nombre que musitaban mis labios evocando un recuerdo.

Hoy tan solo hay un pantano, en donde antes fluyó el manantial de tu presencia.
Tú, tan mío, tan dueño de mí. Y yo era tu esclava, callada, sumida, entregada.
En espera de una palabra, como un perro fiel que solo obedece la voz del amo.

Ya no más. Hoy te difuminas como un trazo efímero en la nostalgia. Te pierdo. Y esta vez te dejo ir, dejo que te marches como la ola que se aleja de la playa.


Dejando en mí la duda constante de suponer que tal vez volverás, como una ráfaga fulminante, que destruirá el remedo de vida que intento tejer con los hilos de tu ausencia.