Los Sexosos

jueves, 28 de julio de 2011

Amor al Natural


Esta es un colaboración de Oscar, a quien le agradezco que siga contribuyendo con sus escritos, espero que otros sigan su ejemplo, y se animen a enviarme historias, no aptas para menores.




Este relato, espero que les agrade, lo he escrito en honor de una joven hermosa que me pidió hiciera uno basándose en ella, y déjenme decirles que siendo tan hermosa no me ha costado mucho trabajo crearlo para ella. Espero que te guste Pau.

En esta vida tan vertiginosa que vivimos actualmente uno no se toma el tiempo para disfrutar los pequeños detalles que nos da la vida, una mirada, una sonrisa, una fragancia, etc, todo pasa frente a nosotros tan vertiginosamente ante nuestras constantes carreras que pasa en muchas ocasiones desapercibidas.

Voy a contarles como es que en mi caso se puede encontrar, si uno se da su tiempo dentro de este río caudaloso y revuelto que es la vida diaria, una joya, hermosa y refulgente, una mujer como no hay muchas.

Para comenzar quiero decirles que vivo en México, nací y estudié en la capital de este mi país querido. Desde pequeño desarrollé un gran amor a la naturaleza, por lo que no es de extrañarse que escogiera como carrera ser biólogo y actualmente cuento con 35 años, no soy muy alto, mido 1.70 mts, tengo el cabello castaño, ojos cafés obscuro y, debido a que frecuentemente me encuentro caminando mucho en el campo, tengo un físico cuidado no llegando a los excesos como muchos que hay por ahí que solo se dedican a estar en los gimnasios.

Resulta que por mi trabajo en una institución dedicada a la conservación de los ambientes naturales, me tocó tener que ir a supervisar un proyecto al interior de la república, con el fin de tomar muestras de tierra y agua para ver su grado de contaminación, todo esto para poder implementar programas enfocados a su recuperación.

Por la importancia del proyecto se me solicitó diera una pequeña entrevista para explicar los pormenores del trabajo a realizar, por lo que acudí a los estudios de una radiodifusora. Al principio todo trascurrió sin nada especial, con el acostumbrado ritmo de la pregunta y mi respuesta, y una y otra vez, nada fuera de lo normal, todo era así hasta que se escuchó una voz que me sacó de mi rutinaria actividad de dar los datos importantes del proyecto, una voz solicitándonos un receso para poder arregar un problema técnico que se había presentado, una voz tan hermosa que tan solo de oírla me hizo desear saber de donde provenía y no desear salir de ahí sin haber conocido a la dueña de tan angelical voz.

En eso momento ya no me interesó contestar nada, solo tenía en mente en buscar a la dueña de esa voz, pero tuve que conformarme con un pequeño atisbo de ella, ya que al voltear hacia un lado de la habitación donde nos encontrábamos, pude ver a través de un cristal, el rostro de ella, ésto debido a un destello del monitor de una computadora al ser apagado y vuelto a encender. Pude observar un rostro tan hermoso que casi hizo que sucumbiera al deseo de levantarme y caminar hacia ese lugar, un rostro de una joven que se grabo como fuego en mis recuerdos, unos ojos de mirada profunda y unos labios con una sonrisa seductora y un brillo que invitaban a probarlos. Aunque la visión de este rostro fue fugaz, para mi fue suficiente para grabarse en mi.

Después de ésto, la entrevista transcurrió sin novedad, pero el yo que había entrado ya no era el mismo, ya que solo pensaba en buscar a esa chica sin importar nada más. Pero como sucede frecuentemente, las cosas no pasan como uno deseara y debí de salir de ahí para tomar una comida con la entrevistadora, la cual me había invitado al terminar la entrevista. En todo el tiempo que paso desde salir del estudio e ir a comer a un restaurant, no pude sacar de mi mente el hermoso rostro que había visto, por lo que, al regresar con mi acompañante para que recojiera su carro que había dejado en los estudios, con un pretexto volvía a entrar, con el fin de ver si por casualidad lograba encontrarla.

Aunque la busqué en las cercanias de donde habíamos grabado, solo encontré que la cabina se encontraba cerrada y en penumbras, por lo que decidí desistir en mi búsqueda y salir de ahí, por lo que me di vuelta con el fin de regresar por donde había llegado, derribando a una joven que venía por el pasillo revisando unas papeles. Rápidamente me apresuré a levantarla y no podía creer mi suerte pues al levantar el rostro, me encontré con los ojos y los labios que me habían obsesionado por toda esa tarde.

Me disculpé rápidamente por mi torpeza y le ofrecí subsanar el daño que le hubiera causado invitándola a tomar un café, a lo que contestó esbozando una hermosa sonrisa que si podía esperarla 15 minutos aceptarían mi invitación.

En todo el tiempo que pasamos en el café no pude despegar mis ojos de los suyos, parecía que tenían un imán para mi, tenían un brillo embriagante, deseaba perderme en ellos, y al parecer a ella no le paso desapercibida mi actitud, ya que correspondía mis miradas con tentadoras sonrisas. Desde ese día, no pasaba tarde sin que nos viéramos en ese café, platicábamos de todo, y cada vez nos compenetrábamos más uno con el otro.

Sucedió que en una ocasión se me solicitó que fuera a tomar muestras en la parte alta de la montaña cercana, por lo que al platicárselo me pidió que si podía acompañarme ya que deseaba alejarse por lo uno tiempo de la presión del trabajo. Al escuchar su solicitud no pude sino responder con mucha emoción que sería un placer que me acompañara y que pasaría el día siguiente por ella en la esquina de la estación.

A la mañana siguiente pasé por ella en la camioneta que se me había facilitado para trasladarme a dicho lugar, para llegar a la parte alta de la montaña debíamos de dejar el vehículo a sus faldas y continuar el trayecto a pie, lo que nos llevaría varias horas.

Con lo que no habíamos contado era con que el clima en esta época del año es algo variable, por o que nos sorprendió un fuerte aguacero ya casi por llegar a la cima, por lo que debimos de buscar resguardo, encontrándolo en una pequeña cabaña que divisamos a lo lejos.

Llegamos a la cabaña empapados hasta los huesos por lo que le propuse buscar algo con que taparnos para poder quitarnos la ropa y que se secara mientras esperábamos que pasara la lluvia, después de un rato de buscar encontramos varias mantas por lo que tomamos dos para nosotros, una vez cubiertos, procedimos a quitarnos muestras ropas y a sentarnos frente a un fuego que había yo encendido previamente.

Una vez instalados frente al fuego nos dispusimos a esperar que nuestras ropas se secaran, por lo que comenzamos a platicar un rato, aunque escuchaba lo que me decía, yo me encontraba embelesado con la visión de su rostro iluminado por el fuego. No sé cuanto tiempo pasamos de esa manara, solo sé que me sacó de mi contemplación de ella al ver que se levantaba y se acercaba a mi pidiéndome si podría abrazarla porque sentía mucho frío aún con el fuego, a lo que respondí abriendo mis brazos para acogerla. Una vez en mis brazos, se acurrucó y recostó su cabeza en mi pecho, lo que me hizo desear que la lluvia nunca acabara.

Podía sentir al a través de la manta su falta de ropa, lo que hizo que involuntariamente reaccionara mi cuerpo a su cercanía, intenté alejarme un poco para que no lo notara pero, como adivinando mis intenciones, ella solo levantó su rostro, y con los ojos cerrados me ofreció sus labios, los cuales no desprecié, posando los míos delicadamente en un principio sobre los suyos, para sellar nuestro mutuo sentir, diciéndonos sin palabras lo que con palabras no habíamos podido.

La sensación de sus labios en los míos era algo indescriptible, tanto que solo deseaba seguir experimentándolo, deseaba que nunca terminara, e inconsientemente la tomé en mis brazos, atrayéndola cada vez más a mi, deseaba sentir su cuerpo junto a mío. Ella por su parte, al sentir como la rodeaba con mis brazos respondió aumentando la intensidad en nuestros besos, los cuales habían pasado ya del tímido toque de nuestros labios hasta el ardiente juego de nuestras lenguas dentro de la boca del otro.

De repente, ella se separó de mi levantándose, en ese momento temí que pensara que me había propasado, por lo que me preparé para darle una disculpa, pero al levantar la vista me encontré que en su angelical rostro se dibujaba una cautivadora sonrisa, y en sus ojos se podía ver una mirada de ternura. Yo, ante tal cuadro, quedé totalmente embelesado, y quedé más prendido de esta imagen cuando, inesperadamente, ella dejó caer su manta al piso, dejando ver su belleza en todo su esplendor.Yo solo atiné a levantarme y, abriendo mi manta, la arropé junto conmigo en un ardiente abrazo.

El contacto de su piel sobre la mía hizo que me estremeciera y que mi ya despierto miembro, se tornara más erecto de lo que había estado nunca, por lo que sin pensarlo, la abracé, con el único deseo de intentar hacer de los dos uno solo ser, comencé a besar todo su rostro, y cuando no quedó parte de éste por besar, comencé a besar su cuello, bajando cada vez más, sin dejar ni una sola parte de su piel sin ser besada.

Entre más besaba su cuerpo, más deseaba seguir haciéndolo, por lo que al llegar a sus pechos, los bese y acaricié como si mi vida dependiera de ello. Ella mientras tanto había puesto sus manos sobre mi cabeza, y, acariciándola, siguió todo mi recorrido hasta sus pechos, donde, gentilmente me guió hasta sus pezones, los cuales introduje en mis labios para ser succionados, lamidos y mordidos con pasión. Solo podía escucharse además del caer de la lluvia, su respiración acelerada y el fragor de mis besos y succiones en su piel.

Sin poder contenerme, continué con mi recorrido, pase por su abdomen sin detenerme pues ya tenía un destino en mente, al cual me apresuraba a llegar. Desde el primer momento en que comencé a probar sus pechos, coloqué mis manos en sus tersos glúteos, todo el tiempo desde entonces me prendí ahí de ella, jalándola hacia mi, haciendo que cada vez existiera una mayor presión de su piel sobre mis deseosos labios.

Por fin, después de besar todo mi camino en su cuerpo, llegué a mi destino, por lo que, celebré mi llegada hundiendo mi rostro en su entrepierna, juntando mis labios a sus otros labios, besándolos con la misma intensidad con que lo había venido haciendo por todo su cuerpo. Para poder disfrutar del tesoro que había encontrado, recosté a la mujer que me tenia completamente loco por ella, y, colocándome nuevamente entre sus piernas, comencé a abrir el cofre que guardaba el tesoro deseado.

Una vez que lo tenia a la vista en todo su esplendor, comencé a besarlo y pasar mi lengua por él, intentando en cada pasada, ingresar en éste cada vez más, hasta poder sentir su calor sobre mis labios, y cuando tuve acceso total a éste, no pude contener el impulso e introduje mi lengua en su interior, explorando su ser lo más que su extensión me permitía. Ella mientras tanto había dejado de respirar fuertemente para pasar a producir pequeños gemidos de placer, a presionar con sus manos mi cabeza para que no dejara de hacer lo que había comenzado.

De improviso, me tomó con sus manos mi rostro, y jalándome hasta su labios, me beso breve pero intensamente para después preguntar: ¿me amas?, a lo que respondí sin dudar: !! desde el primer momento en que te vi !!, a lo que ella agregó: amor, no deseo separarme nunca de ti, deseo ser tuya para siempre, amor, por favor, hazme el amor, introducete en mi, hazme tuya para siempre.

Después de su solicitud, toda resistencia que existiera en mi cayó, y recostándome sobre ella, dirigí mi miembro hacia la entrada de su ser, y, tomándolo ella en sus hermosas manos, lo dirigió a la entrada de su candentes labios vaginales, donde, con un solo movimento, me introduje en ella, sintiendo como su interior abrazó con su suavidad y calor mi pene.

Comenzamos a besarnos apasionadamente, mientras que nuestras cinturas parecían tener vida propia se movian uno hacia el otro, haciendo que existiera un rico "mete y saca". No sé cuanto tiempo pasamos amándonos, solo sé que hubiera deseado que no terminara nunca, pero todo tiene que terminar y este interludio de amor solo podía terminar tan intensamente como se había desarrollado, por lo que al sentir que terminaría, solo pude decirle: amor, voy a terminar, debo salir de ti para no terminar en tu interior; a lo que ella contestó: por favor no lo hagas, deseo ser completamente tuya, por favor, lléname de ti, no me importa lo que suceda, solo deseo tenerte para siempre, con lo que sin pensarlo más, inundé su interior de mi ser, llené su interior de mi cálido semen, sintiendo que con esto nunca me separaría de ella, que nuestras almas se habían fusionado en ese mismo instante, y que solo muerto dejaría que esta mujer se fuera de mi lado, y creo que ella sintió lo mismo que yo.

Desde ese día, no ha habido fuerza en el mundo que pueda separarnos, ya llevamos 3 años juntos y siento que que la vida nos depara muchos más.

Si deseas darme contactarme y tu opinión, mi correo es: camlost68@yahoo.com.mx

domingo, 17 de julio de 2011

El centro del Universo.

Siempre he creído que el clítoris es el centro del Universo, no puedo evitar pensar cuando tengo un orgasmo que ahí, en el clítoris, se reúnen las energías de todas las galaxias, solo para hacernos estallar en un microscópico Big-Bang, no lo concibo de otra manera, tal vez el Big-Bang no fue sino el estallido de un poder infinito y supremo, que tuvo un mega orgasmo cósmico, y eso dio origen a la vida.
Toda mujer que haya experimentado un orgasmo, sabrá de lo que hablo, es tan poderoso, agotador y fantástico que es imposible creer que su origen no sea divino.

El clítoris, tan pequeño, humilde e insignificante, está ahí, oculto entre las piernas, como si quisiera pasar inadvertido, o como si supiera que es capaz de lograr que se enloquezca, y por eso se oculta, en espera de un momento idóneo para mostrar su grandeza, el poder, la energía megatónica que es capaz de liberar con tan solo ser manipulado.

Está ahí, sin ningún otro objetivo, sin otra razón aparente, sin ninguna función fisiológica explicable, tan solo la de hacernos sentir un placer enloquecedor.

Toda mujer debería adorar a su clítoris como una deidad, y todo hombre debería rendirle pleitesía, pues aquel hombre que logre dominar el arte de dar placer clitorial, tendrá a la mujer que desee rendida a sus pies, y toda mujer que sepa como enseñarle a un hombre, en donde está el centro del universo, le habrá revelado un gran misterio.

No hay que tener miedo ni pudor de tocarnos, de explorar nuestro cuerpo, de permitir que las yemas de nuestros dedos jueguen sobre el, que toquen, presionen, que corran en círculos, hasta llegar al éxtasis, no hay que tener vergüenza de que la pareja que comparta nuestra intimidad vea como jugamos con ese divino trocito de carne.

Y los hombres, por empatía, amen, respeten y veneren al clítoris, si ustedes disfrutan que una mujer juegue, chupe y devore su falo, no olviden que en algún momento, cuando estábamos en gestación, el clítoris y el pene, fueron la misma cosa.


jueves, 7 de julio de 2011

Alguna vez



Eres mucho más que un instante en mi vida, crees que fue tan solo una aventura, pero fue mi vida la que te di aquella tarde.
Todos los astros conspiraron a favor mío para regalarme tu piel, tus besos, tu olor que se ha quedado tatuado en mi memoria, ahora eres todo.
Ya no eres tan solo un deseo reprimido, ahora eres el grito enfermo que se ahoga en mi garganta al obligarme a callar tu nombre, estás constante aquí, en la punta de mi lengua, vives en mis neuronas como los planetas en la órbita.
Y tengo que callar y fingir que jamás has existido, tengo que simular que vivo en paz cuando mi alma pende de un hilo, cuando dependo de una palabra tuya para volver a revivir aquel momento que la vida me regalo.
Te esperaré, no sé cuanto, no sé si en este breve chispazo de vida pueda volver a perderme en tus brazos, tan solo sé que al tenerte de nuevo podría enloquecer, si es que no he perdido ya la cordura.
Estás aquí levitando en mi memoria, estás presente en cada caricia, en cada beso, en cada orgasmo que se niega a no ser tuyo.
Y no tengo voluntad para echarte, para aceptar que tal vez no volverás, para arrancarme la careta y mostrar cuanto le duele a mi alma el destiempo.
Pero te tuve, y a pesar de la agonía de tener que sobrevivir día a día sin ti, le queda a mi piel el consuelo de que alguna vez me recargué en tu pecho,que alguna vez miré tus ojos, que por un instante fuiste mío, que alguna vez mis labios gritaron sin temor el nombre del único hombre que me ha trastornado de placer.