Los Sexosos

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Dejarme Querer

He aquí una colaboración que para mí tiene mucho valor, por ser de quien es, aunque a la hora de la hora mi amigo prefirió mantenerse en el anonimato, cosa que por supuesto respetaré. Gracias "Juan Carlos" en verdad que me sorprende que puedas escribir historias tan cachondas, espero que pronto escribas más sobre los mismo, que te quedó muy bien.


“Dejarse querer”, sin duda es una frase muy común pero que esa noche tuvo un significado más profundo para mí.

Fue en una fiesta de cumpleaños como cualquiera. La chava del cumpleaños es una conocida de la facultad de artes graficas, su fuerte es la fotografía, y el coqueteo entre ella y yo siempre fue evidente más nunca fue cosa seria. Esa noche llegué sin pretensión alguna a la fiesta, solo quería pasar un buen rato.

Las horas pasaron y las copas también. Esa noche por alguna razón no tomé, creo que estaba tomando algún tipo de medicamento. Eso sí, la cumpleañera no se privó de unas buenas copas y supongo que eso fue lo que le dio el valor para llevarme a su recámara a mostrarme unas fotografías. Unas fotografías que nunca vi.

Llegando a su recámara y sin decir nada me acostó en su cama y se acomodó sobre mí. Empezaron los besos lujuriosos y mis manos no tardaron levantarle el vestido y manosearla. Una vez aclaradas sus intenciones empezó a bajar poco a poco hasta desabrochar mi pantalón y empezar comerse mi pene erecto. Disfrutando y sin querer quedarme atrás la volteé y le me dispuse a regresarle el favor. Su humedad me prendió ya que comprobé las ganas que tenia.

Como fue desde un principio, tomo la iniciativa y me montó. Le quité el vestido para apreciar sus deliciosos senos. Si algo me llamó la atención desde que la conocí fue eso, sus grandes y redondos senos. Ahora que estaban frente a mí no pude más que disfrutarlos, manosearlos, saborearlos.

Después de eso y para mi poca fortuna, tocaron la puerta. La reacción inmediata fue vestirnos. Ella salió para atender a la persona que tocó la puerta y se retiró de inmediato para no dejar que nadie supiera que estuvimos juntos en la recámara. Yo me tomé mi tiempo en vestirme y justo cuando terminé y me disponía a salir, entro una de las mejores amigas de la festejada. Mi excusa de estar ahí al parecer no le importaba ya que estaba buscando alejarse de la fiesta y platicar con alguien. Yo fui esa persona y dado el hecho de que no pude terminar lo que empecé con la cumpleañera, distraerme no me cayó nada mal.

Ella me contaba que estaba detrás de un compañero ahí en la fiesta pero que solo la ignoraba. Fue cuando después de unos minutos de cuestionarse de el por qué, se voltea, me ve a los ojos y me comenta:

“No sé por que no quiere coger conmigo, ¿Tú cogerías conmigo?”

Sin dudarlo le respondí con toda sinceridad que sin duda alguna. Después llegó un silencio incomodo y nuestras miradas solo nos acercaron hasta que empezamos a besarnos.

Yo seguía erecto por obvias razones y ella lo tomó como un cumplido. Una vez más la iniciativa fue de ella y se montó sobre mí. Las prendas no tardaron en volar. Después de manosearnos, besarnos, y calentarnos empezó “la cogida” que tanto quería esa noche. Sus movimientos fueron una novedad completa ya que nunca me imaginé haciéndolo con ella. Me acosté sobre ella, nos sentamos, nos volteamos nos acomodamos en un poco de todo. Ella llegó primero y su orgasmo me invitó a venirme también. Ella me pidió que lo hiciera en su boca y cuando el momento llegó, el placer fue tremendo.

Terminamos quedando satisfechos, más sabíamos que eso fue cosa de el momento. Circunstancias que no se volverían a repetir y extrañamente nos sentimos agradecidos el uno con el otro. Nunca platicamos ella y yo de lo sucedido. De igual manera, dudo mucho que ellas se platicaron lo que paso esa noche. El noviazgo de más de dos años que tuve con la cumpleañera unos meses después lo comprobó. Fue un gran secreto y hasta hoy lo comparto de manera anónima.

Yo se que para el hombre es como un trofeo acostarse con cuantas mujeres pueda. Yo no comparto esa actitud pero sin duda alguna esa noche solo me quedo, dejarme querer.


Cortesía de Juan Carlos.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El día que murió el amor



No sé como explicarte que después de tantos años viviendo en mi alma y en mi corazón, hoy el amor tan profundo y enfermo que sentía por ti se ha desvanecido como una acuarela bajo el chorro del agua, así, sin dudas ni explicaciones, te has marchado de mi mente, se han desvanecido de mi memoria todos los recuerdos que me anclaban a ti, no tuvo nada que ver que no regaras mi cariño, ni tuvo que ver la lejanía, ni las mentiras, bastaron algunas palabras, fue el saber que eras capaz de hablarme de mala manera para que abriera los ojos y me diera cuenta que, ni yo, ni ninguna mujer, merecen que se les trate así.

Yo te habría dado mi vida, a cambio tan solo de una mirada, un beso y una caricia, pero tú echaste por la borda todo lo que he guardado durante tantos años para ti.

Hoy se ha quedado sola la bahía en donde solía esperarte, en donde soñaba con el futuro que anhelaba construir junto a ti, pero al fin he comprendido, que un amor sin mantenimiento, no puede ser duradero, que si algo no se consiente y se procura, no puede sobrevivir.

Mi amor pereció tan solo por un mal modo tuyo, y no comprendo como es que hay mujeres que toleran vejaciones, humillaciones y demás insultos que degradan el espíritu, y yo, soy poco tolerante a no ser tratada como una Princesa, y ni tú, ni nadie tiene el poder para hacerme sentir inferior.

Hoy emprendo mi viaje sola, en una embarcación que no tiene cabida para los recuerdos ni el rencor, hoy se movieron las arenas que me mantenía encallada en tu puerto, en ese puerto donde no vi jamás el sol.

Hoy zarparé hacía un horizonte que promete ser el mejor lugar del mundo, en donde por fin hallaré la paz y tendré la más extraordinaria compañía que pude conseguir, yo misma.
Hoy, al fin comprendí que solo necesito de mí para mover el timón de mi vida, que solo yo soy la capitana del destino que estoy por enfrentar sin ti.

Creo que se murió el amor, o tal vez, nunca existió.