Los Sexosos

martes, 3 de agosto de 2010

Llueve esta noche

Aquí les dejo este sensual relato que nos comparte Lex Addictive, en verdad que con historias como esta, dan ganas de que nunca pare de llover. Gracias Lex, espero que sea la primera de muchas colaboraciones.


Por Lex Addictive

Había sido una mañana excepcionalmente intensa en cuanto a trabajo, siempre corriendo para hacer algo, no había tenido ni unos minutos para sentarme a comer mi sándwich de pan multigrano que me hago diario para almorzar.

Al fin a las cuatro y media pude sentarme a tomarme un respiro, ya era tarde y me di cuenta que mi estómago y cabeza me dolían por no haber comido. Devoré mi sándwich y salí corriendo al supermercado a comprar algunas cosas que me hacían falta. No podía posponer lo compra de estos artículos. Ya comenzaba a llover un poco. Traté de llegar lo antes posible pues odio el tráfico que se hace cuando llueve, la gente maneja muy lento y se pone muy idiota.

Llegué al supermercado con la lluvia subiendo su intensidad. Entré rápido a la sección de los shampoos, tomé el mismo que siempre compro desde hace 12 años. Quise escoger un nuevo anti-transpirante pero nunca me decido por uno nuevo. Siempre me pregunto si afectará mi personalidad una fragancia diferente a la que está acostumbrada mi nariz.

Caminé hacia las revistas para buscar algo nuevo para leer. Ahí estaba una pareja abrazada, ella le daba la espalda, él tenía sus manos en las caderas de ella queriendo bajar hasta sus nalgas por los costados, ella tenía una revista en las manos abierta a la mitad, trataba de verla. “Nooooo” le decía ella mientras se percataba que yo iba llegando y me volteaba a ver con esas mejillas ruborizadas, esa sonrisa en su rostro y sus brillantes ojos cual estrellas.

No podía dejar de verla, me acerqué a ver algunas revistas pero no vi nada, solo la estaba viendo de reojo. Ella me volteaba a ver también, sus ojos buscaban los míos y me regalaban sonrisas, su piel blanca, su pelo rizado se movía en una danza antigua de seducción que solo entienden los enamorados.

Caminé hacia unos libros en rebaja como buscando algo. No pude leer ni un título completo pues buscaba nuevamente ver a la chica hermosa de las revistas, vestía un pantalón negro a la cadera muy deslavado con muchas bolsas, una playerita beige que le cubría apenas el ombligo, un escote que prometía unos senos blancos como la leche, llenos de vida inagotable y no pude separar mis ojos de ellos.

Ella me volteaba a ver también, no sé que veía en mí, pero algo le había gustado, como jugando con su acompañante daba vueltas para que yo tuviera toda la imagen de su grácil cuerpo, de su figura con curvas dignas de una travesía sin retorno. Volvía a verme una y otra vez. No resistía la tentación, me tenía hechizado, escuchaba un llamado en mi interior que no podía ignorar, una voz que hacía vibrar cada célula de mi cuerpo.

Le sonreí con toda la lujuria de mis pensamientos y le dije: “¿nos vamos?”, ella asintió con la cabeza y dejó a su chico parado en medio de la sección de libros y revistas. Trató de tomarla por el brazo pero ella escapo de su apriete como una gacela veloz, ágil e inteligente que no se deja atrapar con un movimiento tan burdo.

Llegó hasta donde yo estaba y la besé fuerte y apasionadamente, acercándome a ella tanto que sentí sus senos firmes contra mi torso, dejé las cosas que llevaba sobre los libros en remate y la abracé tocando su bello trasero acercando su cadera hacia mí para que sintiera como mi miembro cobraba vida al frotarse contra su cuerpo.

Salimos del lugar abrazados, yo con mi mano en su cadera sintiendo la contracción de sus músculos en las yemas de mis dedos con el vaivén marcaba el ritmo a mi corazón. Mis pensamientos no salían de su escote mientras le susurraba al oído que su aroma solo podía ser el de la diosa Afrodita y yo su más fiel adorador.

Abrí la puerta del automóvil para ella como todo un caballero y vi la hermosa curvatura de su derriere cuando se subía al carro, la tomé del cuello y le di un largo beso antes de cerrar la puerta. Una señora me veía desde su minivan esperando que dejara el lugar para estacionarse.

Una vez en mi apartamento le ofrecí una copa de vino blanco. Lo acercó lentamente a sus labios y sorbió con la delicadeza de una reina, mi ser vibró ante el espectáculo de sus largas pestañas cerrándose mientras el alcohol viajaba por su garganta.

- Hace frío – me dijo

- Estás toda mojada. ¿Quieres secarte?

- Si

- Ven, el baño está por acá. Adentro hay toallas. Cualquier cosa que necesites avísame.

Salió del baño con una toalla en la cabeza, en ropa interior, su sostén era rojo, sus pantaletas eran blancas con flores rojas. Sacudía la toalla sobre su cabeza. Yo la veía boquiabierto. Su piel era blanca como la arena del Caribe.

Puse algo de música. Miles Davis me pareció apropiado por la tarde lluviosa. Ella se paseó un poco por mi living. “No tienes plantas. Se ve triste.” dijo con un aire ausente. Buscaba entre mis discos y sacó la caja psicodélica del álbum “Sex dreams and Demin jeans” de Uffie. “¡Ohhh, ella me encanta, es buenísima!” dijo en un grito de emoción.

Sacó el disco de Miles Davis lo lanzó cual frisbee con un movimiento muy sport por la ventana diciendo “Vamos a quitar está música para viejos”, puso a Uffie y subió todo el volumen mientras movía su cabeza en movimientos rítmicos que fueron aumentando hasta bailar con todo su cuerpo.

Me acerqué a ella también bailando con las copas de vino en la mano, le ofrecí la suya y se la tomó de un solo trago, “está rico” dijo regresándome la copa. Comencé a bailar junto a ella. Se reía y bailaba con más libertad, “pareces striper” me decía, así que yo me empecé a quitar la ropa al ritmo de la música, se sentó, gritaba y aplaudía cuando perdía más prendas hasta quedar solo en bóxers.

Ella fue por el vino y tomó directamente de la botella, me la ofreció y bebí también de la botella, unas gotas cayeron en mi pecho, “que no se desperdicie” gritó abalanzándose a lamer el vino que tenía en mi piel. Dejé caer vino en su hombro izquierdo que besé con tremenda pasión.

Ella levantó los brazos y se amarró a mi cuello, la besé profundamente. Solo pensaba en besarla, me entregaba solo a lo que estaba haciendo, solo sentía la humedad de su respiración, su piel suave y su nariz fría tocando mi rostro, el olor de su pelo acariciando mi nariz. Para nosotros el mundo no existía, estábamos solos en el universo. Creábamos un mundo único en donde nadie se había besado como nosotros lo hacíamos.

Con mis manos recorría su espalda, una a una de sus vértebras hasta que desaparecían convirtiéndose en el bien formado trasero al que rodeé primero por los flancos y fui poco a poco poseyendo, volví a subir por su espalda hasta el broche de su sostén que no puso ninguna resistencia en liberar la atadura que contenía a sus senos.

Quité la prenda intima para poder apreciar sus pechos. Nunca pude haber imaginado lo que vi. No eran perfectos sino lo que le sigue. Eran mucho más de lo que prometían, ningún hombre está preparado para ver ese grado de curvatura. Hizo temblar mis cimientos y mi alma. Todo lo que había creído hasta ese momento era mentira. La perfección que yo imaginaba era basura.

Besé sus senos con idolatría, cada centímetro de ellos, me aprendí cada pequeño lunar y cambio de color. Me perdí en ellos, deseé nunca ser encontrado jamás y vagar por siempre buscando refugio en sus pezones.

Bajé besando su abdomen y le quité sus pantaletas. Besé su sexo mientras me deleitaba con el olor de este. Despertó un instinto primitivo en mi que no sabía que existía. Con mi lengua recorrí su clítoris lentamente. Ella movía su cadera al mismo tiempo que yo saboreaba sus labios.

Me levanté con mi miembro duro como asta. Ella metió su mano en mi bóxer para sentirlo. “Vaya que si estás muy caliente” dijo al mismo tiempo que yo me quitaba la última prenda que usaba para quedar completa y absolutamente desnudo. Se recostó en el sofá nuevamente. Yo me subí y la penetré lenta pero fuerte hasta llegar a fondo.

La sentí vibrar con cada movimiento que aumentaba de velocidad cada vez. Sentí su calor y su humedad que me excitaba más y más. Al ritmo de la música de Uffie nos alejábamos en una travesía sin regreso. La tierra prometida del orgasmo nos esperaba al final de nuestro viaje.

Me acomodé sentado, ella se acomodó sobre de mi, bajó sobre mi miembro con todo su peso y un agudo gemido de placer escapó de su garganta. Se movía hipnotizando todo a nuestro alrededor. Yo tendía sus senos en mis manos, besaba sus pezones duros. Se estremecía de placer con sus ojos cerrados no perdía el ritmo que habíamos alcanzado.

Lo hacíamos como si la vida se nos fuera en ello. Sus gemidos se hicieron más profundos y sus movimientos entrecortados. Temblaba y se estremecía hasta que terminamos los dos, estábamos bañados de sudor y felicidad. El disco terminó y se oía que afuera seguía lloviendo y la obscuridad lo había cubierto todo.

3 comentarios:

Tani dijo...

Susanita, gracias por compartir con nosotros este relato de Lex. Es absolutamente sensual, descriptivo hasta el infinito y logra transmitir las sensaciones de la pareja, es casi como estar viendo una sucesión de escenas.

Un beso.

p.d. Lex, felicidades, amigo, escribes muy bien!

Lex Addictive dijo...

Susanita, gracias por publicar mi relato.

Un gran abrazo

Erich dijo...

Zzzzzzzz, perdon pero me aburri a la mitad.